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España ante 2030, dónde tendrán que restringir más los coches aunque sean eléctricos

España ante 2030, dónde tendrán que restringir más los coches aunque sean eléctricos
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España ante 2030, dónde tendrán que restringir más los coches aunque sean eléctricos
La nueva ley de calidad del aire de Europa también afectará a eléctricos como el UX300 en 2030.Lexus

Bruselas exige a España cumplir en 2030 unos límites de contaminación mucho más estrictos, pero los tribunales están anulando una a una las Zonas de Bajas Emisiones, la principal herramienta legal para lograrlo. Con el plan de renovación del parque también estancado, el conductor queda atrapado en plena inseguridad jurídica.

Europa está exigiendo a sus países miembros límites de contaminación mucho más estrictos para 2030, pero estos se están enfrentando a importantes problemas para cumplir con esta nueva norma. España no escapa a esta situación, cuya principal herramienta legal para cumplirlos, las Zonas de Bajas Emisiones, se está cayendo una a una en los tribunales españoles.

La nueva directiva europea de calidad del aire aprieta los límites de contaminación, pero los datos reales muestran que el problema en nuestro país se concentra en dos ciudades muy concretas. Según Faconauto, la mayor parte del país ya cumple sin necesidad de medidas adicionales: el problema se concentra en Madrid y Barcelona. Y ahí es donde entra el problema legal.

Audi TDILos coches con motor diésel tienen que ser más limpios de cara a 2030.

La Directiva 2024/2881 tiene la culpa

En octubre de 2024, la Unión Europea aprobó la Directiva 2024/2881, que rebaja de forma drástica los límites de contaminación atmosférica que las ciudades europeas deberán cumplir antes de 2030.

El límite anual de dióxido de nitrógeno (NO2) baja de 40 a 20 microgramos por metro cúbico, y el de partículas finas (PM2,5) se reduce a 10 microgramos por metro cúbico. Son los valores más próximos hasta ahora a las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, aunque todavía por encima de lo que esta considera ideal.

La nueva norma europea de calidad del aire no sólo afectará a los diésel, sino a todos los vehículos; teóricamente incluso a los eléctricos, ya que también producen partículas contaminantes durante la conducción.

La inmensa mayoría de España ya está donde Bruselas quiere, el problema es de dos ciudades

Aquí es donde conviene frenar el alarmismo. Un estudio técnico de la consultora Salix Analytics, encargado por Faconauto (la patronal de los concesionarios) y elaborado con el mismo modelo -AQUIReS+- que la Comisión Europea usó para diseñar la propia directiva, ofrece una foto bastante más matizada: de las 259 estaciones de medición de NO2 analizadas en toda España, el 94 % ya cumplirá los nuevos límites de 2030 sin necesidad de medidas adicionales.

En partículas finas (PM2,5), el porcentaje sube al 96%, y en PM10 el cumplimiento es total.

Granada ZBELas Zonas de Bajas Emisiones están siendo tumbadas por la Justicia en toda España.

Madrid, cerca en NO2 pero lejos en partículas

La capital lleva cuatro años consecutivos cumpliendo los límites legales vigentes de contaminación, según ha confirmado el propio Ayuntamiento. Pero eso es mirar el vaso medio lleno: tanto las PM10 como las PM2,5 siguen superando los límites que entrarán en vigor en 2030, y también las recomendaciones de la OMS.

Documentación técnica interna del propio consistorio, recogida por Ecologistas en Acción, admite que Madrid necesitará reducir un 60 % las emisiones actuales del tráfico rodado de aquí a esa fecha para cumplir en plazo.

Barcelona, el caso más complicado (y no solo por los coches)

Barcelona es, de las grandes ciudades españolas, la que presenta el incumplimiento más persistente en PM2,5. Pero el estudio de Salix Analytics apunta a algo que rara vez se menciona en el debate sobre el diésel: buena parte del problema no viene del tubo de escape, sino de las calderas, calefacciones y estufas de leña o pellet del sector residencial, cuyas emisiones de partículas ya superan en España a las del transporte por carretera en su conjunto.

Según el estudio, una simple reducción del 10 % en las emisiones de calefacción rebajaría a la mitad el incumplimiento previsto de Barcelona para 2030.

¿La solución es prohibir diésel o achatarrar coches viejos?

Aquí es donde el sector del automóvil español discrepa abiertamente del tono catastrofista que ha dominado el debate en Alemania. «Llevamos años discutiendo qué tipo de motor es mejor para el aire de las ciudades, y este estudio demuestra que esa no es la pregunta correcta», ha declarado Marta Blázquez, presidenta de Faconauto.

Su argumento: el parque automovilístico español tiene una edad media de 14,6 años -frente a los 9 de Alemania-, con una tasa de renovación de apenas el 4 % anual.

«La conclusión del estudio es dura: aunque a partir de hoy solo se matriculasen coches eléctricos, en 2035 la mitad del parque circulante seguiría siendo el actual»

La Ley de Movilidad Sostenible ya obliga al Gobierno a activar un Plan Nacional de Renovación del Parque, con un plazo que venció el pasado 5 de marzo de 2026 sin que el programa se haya puesto en marcha. Faconauto insiste en que ese plan -no una prohibición generalizada- es la herramienta más eficaz y ya prevista legalmente para sacar de la calle a los vehículos más antiguos, sean diésel, gasolina o lo que sea.

Lo que probablemente le espera al conductor español

Con estos datos encima de la mesa, la foto realista para 2030 no es la de prohibiciones masivas para millones de diésel en toda España, sino la de un endurecimiento focalizado en Madrid y Barcelona, con el añadido de que ni siquiera ahí está claro con qué herramienta legal se va a lograr, porque las ZBE se están cayendo en los tribunales.

Las Zonas de Bajas Emisiones nacieron como la herramienta principal -y legalmente obligatoria desde la Ley de Cambio Climático de 2021 para municipios de más de 50.000 habitantes- para restringir el acceso de los vehículos más contaminantes a los centros urbanos. El problema es que, desde 2024, los tribunales superiores de Cataluña, Andalucía, Asturias y Castilla y León han tumbado, de forma temporal o definitiva, distintas ordenanzas de ZBE.

El caso más sonoro es el de Madrid. El TSJ de Madrid anuló los artículos que sustentaban la ZBE general y las zonas de especial protección de Distrito Centro y Plaza Elíptica. El Tribunal Supremo rechazó el recurso del Ayuntamiento, y la sentencia quedó firme en abril de 2026. Las asociaciones de automovilistas calculan que, desde 2021, se han impuesto más de 3,3 millones de multas en las ZBE madrileñas, por un importe superior a los 650 millones de euros, que ahora podrían tener que devolverse.

Esta misma semana le ha tocado el turno a Málaga: el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía ha anulado el régimen de circulación de su ZBE por considerarlo discriminatorio con los conductores no empadronados en la ciudad.

Ojo: los tribunales no dicen que contaminar esté bien

Aquí conviene ser precisos, porque es fácil malinterpretar estas sentencias como una victoria contra la lucha anticontaminación. No lo son. En ningún caso los tribunales cuestionan la necesidad de reducir las emisiones; lo que anulan es cómo se aprobaron las ordenanzas.

En Madrid, la sentencia señala que las medidas afectan de forma desproporcionada a las personas con menos capacidad económica -que no pueden permitirse renovar el coche- sin que el Ayuntamiento hiciera esa valoración, algo que la propia Ley de Cambio Climático exige bajo el «principio de transición justa». En Málaga, el reproche es que se trataba de forma distinta a residentes y no residentes sin justificación suficiente.

Es decir: los ayuntamientos tendrán que volver a redactar sus ordenanzas, mejor argumentadas, no abandonar la idea

El limbo del conductor, la multa sigue llegando aunque la ley esté anulada

Y aquí está lo más surrealista del asunto para quien pone las manos en el volante cada día: pese a las sentencias, los radares y cámaras de acceso en Madrid siguen activos, y el Ayuntamiento continúa tramitando sanciones. Entrar sin etiqueta ambiental en una zona restringida sigue costando 200 euros, hoy mismo, mientras el TSJ de Madrid ha iniciado ya la ejecución forzosa de la sentencia que anula la ZBE.

La inseguridad jurídica es máxima: un tribunal puede anular una ordenanza por defectos formales y, meses después, convalidar una redacción distinta de la misma restricción.

La conclusión incómoda

España llega a esta década con un objetivo europeo obligatorio, una herramienta legal (las ZBE) que los tribunales están desmontando pieza por pieza, y un plan alternativo (la renovación del parque) que lleva meses de retraso administrativo.

Bruselas no va a mover el plazo de 2030 porque los ayuntamientos españoles no sepan redactar bien sus ordenanzas. Y hasta que alguien resuelva ese puzle, el conductor diésel o no- seguirá bajo la incertidumbre de multas que hoy son legales, mañana se anulan, y pasado mañana podrían volver con otra redacción.

La solución más plausible sigue pasando por que el Gobierno cumpla su propia ley: activar de una vez las ayudas para achatarrar los coches más veteranos, sin distinción de combustible. El resto del país, según los propios datos del sector, ya cumple sobradamente, pues el problema nunca fue el parque diésel en su conjunto, sino la lentitud para renovarlo.

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