
El futuro Golf eléctrico, el ID. Golf, queda en pausa. Volkswagen congela su desarrollo en Wolfsburg por presión de costes, tras la mayor pérdida trimestral del grupo en más de una década.
El coche más importante de la historia reciente de Volkswagen tendrá que esperar. La marca ha decidido pausar el desarrollo de su futuro Golf eléctrico, el que debía llamarse ID. Golf, en su planta histórica de Wolfsburg. La decisión, aprobada por el consejo de dirección, llega en el peor momento financiero del grupo en más de una década y vuelve a aplazar la llegada del eléctrico más esperado de la casa.
Conviene matizar algo desde el principio: es una pausa, no una cancelación. Lo subrayó el propio Thomas Schäfer, responsable de la marca Volkswagen, con una frase que no deja lugar a dudas: «Lo estamos pausando, no cancelando». Pero el parón no tiene una fecha de regreso clara y se suma a una cadena de recortes que está llegando ya al corazón industrial de la compañía.
«Pausando, que no cancelando»: lo que ha dicho Volkswagen
La decisión la explicó Schäfer en un memo interno visto por Reuters y en una entrevista para la radio pública alemana NDR. «Sé que el Golf significa mucho para Wolfsburg, por eso esta decisión no ha sido nada fácil», admitió, antes de añadir la frase que lo resume todo: «Simplemente no podemos permitirnos este trabajo ahora mismo». Confirmó, eso sí, que la suspensión la ha acordado el consejo, y que el Golf eléctrico no desaparece de los planes.
La versión oficial la puso David Powels, director financiero de la marca Volkswagen. «El entorno del mercado sigue siendo extremadamente difícil, y los extraordinarios lastran nuestro resultado», señaló, para defender que es «más importante aún» seguir el rumbo trazado y afinar prioridades. Powels habló de «mejorar la base de costes y optimizar el circulante manteniendo una alta disciplina inversora», y definió la pausa del ID. Golf como «una medida concreta» hasta poder «asignar con seguridad las inversiones necesarias».
Los números que han forzado la decisión
El contexto lo explica casi todo. Volkswagen cerró el tercer trimestre con una pérdida operativa de 5.920 millones de euros, la mayor en más de una década. Y no es solo cosa del grupo: la propia marca Volkswagen registró números rojos de 502 millones, su primer déficit trimestral desde 2020.
Detrás de esas cifras pesan los extraordinarios. Entre ellos, una depreciación de unos 4.500 millones de euros sobre activos en China, por la caída de expectativas de ventas y de precios, y el deterioro contable de su participación en Porsche. A ello se suma un desplome de las entregas, con el mercado chino en fuerte retroceso y una bajada mundial cercana al 9% interanual.
En ese cuadro, la planta de Wolfsburg es el eslabón que no cumple: va unos 300 millones de euros por detrás de su objetivo de recorte de costes del año, mientras que otras como Emden o Zwickau sí cumplen. Todo se enmarca en el Future Plan 2030, la reestructuración que contempla reducir unos 100.000 empleos, recortar la gama y ajustar las plantas alemanas, y que necesita el respaldo de unos sindicatos muy poderosos. El comité de empresa cree que el tiempo perdido se puede recuperar, pero ve en la congelación del gasto «otra señal de lo delicada que es la situación financiera del grupo».
Así imaginamos el Golf eléctrico que tendrá que esperar, en esta recreación de Motor.es
Cómo iba a ser el Golf eléctrico y cuándo llegará ahora
El ID. Golf iba a ser uno de los primeros modelos sobre la nueva plataforma SSP (Scalable Systems Platform), desarrollada junto a Rivian y llamada a sostener toda una generación de eléctricos del grupo. En ese plan, el Golf eléctrico llegaría después de un T-Roc eléctrico, también sobre SSP, que abriría el camino de la nueva arquitectura.
El coche prometía combinar guiños de diseño de generaciones anteriores del Golf con el software nacido de la alianza con Rivian, y contemplaba incluso versiones de altas prestaciones GTI y R. Pero la plataforma SSP llega más tarde de lo previsto, y con ella el eléctrico: de un lanzamiento fijado inicialmente en 2028 se ha pasado a comienzos de la próxima década, y la pausa amenaza con estirar todavía más ese calendario.
Mientras tanto, el Golf de siempre no desaparece. La producción del actual Golf de gasolina está previsto que se traslade desde Wolfsburg a la planta de Puebla, en México, de modo que el modelo seguirá a la venta aunque su sucesor eléctrico quede en el aire.
Un parón que dice mucho del momento de Volkswagen
La paradoja es evidente. Volkswagen aparca su eléctrico más simbólico justo cuando más necesitaría un producto capaz de plantar cara a la ofensiva china, que avanza en Europa a un ritmo que pocos habían previsto. El Golf, que durante medio siglo ha sido la vara de medir del segmento, se queda a la espera de que los números den permiso para seguir.

