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Reestructurarse o morir: así de crudo es ya el dilema del automóvil europeo

Reestructurarse o morir: así de crudo es ya el dilema del automóvil europeo
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Reestructurarse o morir: así de crudo es ya el dilema del automóvil europeo
Nunca antes la industria europea había estado tan amenazada por tantos frentes como ocurre actualmente..

Pérdidas, márgenes de beneficio, recortes, despidos, palabras que se están repitiendo mucho en los porvenires de los fabricantes cuyos métodos parecían intocables hasta el día de ayer en un mundo donde todo, a un lado y a otro, parece volverse en contra.

Durante meses, por no decir años, llevamos viendo (y en nuestro caso, escribiendo) tónicas que parecen catastrofistas para el futuro de los fabricantes en Europa. Ni siquiera el más grande de todos ellos se libra de la realidad de la industria del automóvil, una muy diferente de cómo era hace una década y que afronta posiblemente el momento más complicado de toda su historia, con varios grandes frentes sin solución común, siendo en sí uno de los grandes pilares del tejido industrial en la Unión Europea.

En particular, Alemania es donde más está doliendo esto – tanto por el PIB que el sector del automóvil deja en su economía, en torno al doble que en el caso de España y otros países europeos, como por otros problemas de carácter burocrático. Pero una situación de este calibre se acaba notando, de una forma u otra, en todo el mundo.

BMWAlgunos trabajadores de BMW pactarán una indemnización por cese en el futuro.

Vivimos los tiempos más duros de la industria en Europa

Todas las marcas, sin excepción, han notado el tremendo golpe que han supuesto la subida de los aranceles por parte de la administración Trump a todo coche importado en Estados Unidos. Venga de Alemania o de Japón (en el caso de Toyota le ha costado muchos millones en su ejercicio fiscal anterior, por ejemplo), a todas las marcas les ha dolido. En el caso de Porsche aún más, dado que precisamente es su gran mercado junto a Alemania, uno que lleva décadas siéndole fiel.

Otro que ya no es tan favorable es China: la gallina de los huevos de oro de los años 80 y 90 ya no compra producto extranjero como antes, sino que quiere coche de ellos, con una tecnología orientada a ellos – además de la salvaje guerra de precios que tienen entre decenas (más bien cientos) de marcas y fabricantes. La mayoría, eso sí, han decidido quedarse, perseverar y seguir luchando, incluso existiendo otro potencial mercado como es la India, con mejores relaciones comerciales y una tensión geopolítica mucho menor.

Estados Unidos, China… y la propia Europa también es un gran reto

A todo esto se suma la propia presión de los reguladores europeos. En Bruselas, las exigencias en materia de seguridad y contaminación vigentes y de futura aplicación llevan, entre otras cosas, a trabajar en lo ya trabajado una y otra vez, elevando los costes y los esfuerzos de los departamentos de I+D de cada fabricante. Un barco gigantesco que tarda en girar al que los cambios en la evolución de la electrificación del mercado le ha pillado descolocado a la hora de girar el timón.

BlumeEl CEO de Volkswagen, Oliver Blume, está en el objetivo de muchas protestas de sus trabajadores.

BMW, Mercedes-Benz, Volkswagen… todas las alemanas se ven obligadas a sacar la tijera. Medidas de recortes, ERE o, como será el caso de BMW con los sindicatos, paquetes de indemnizaciones por ceses voluntarios. En el caso de BMW concretamente parece ser menos ‘dramático’ que en el gigante de Volkswagen, o precisamente por su condición de gigante se ha visto más propenso a tambalearse ante estos vientos en contra.

La lucha para asegurar la vida de las fábricas a largo plazo

Cada fabricante reestructurará su forma de operar, la manera en la que gestionan para sacarle el máximo partido a las fábricas. Algunas, como Ford, han visto una solución en China: les falta capacidad en las fábricas y para Almussafes, para ellos una de las más importantes, han firmado un acuerdo con Geely. Una marca necesita aumentar su actividad, la que mantiene a sus empleados, y la otra busca un sitio donde comenzar su actividad, a ser posible sin tenerse que molestar en montar una planta desde cero.

Todo esto huele a un castillo de naipes montado sobre la orilla del mar a primera hora de la mañana – y ya llegan las tres de la tarde, de modo que la marea sube. Problemas de falta de capacidad, un mercado en Europa que no termina de remontar (se dejaron de matricular varios millones de coches desde la pandemia y aún no se ha vuelto al mismo nivel) y, para colmo, se encarecen los coches nuevos, así como los usados, al mismo tiempo que sube el nivel de vida de manera inconexa a los salarios.

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